ANTONIO MORENES BERTRÁN

Mi vida son las huellas que he ido dejando detrás. En ocho años de travesía por nuestra geografía limitada siempre tuve tendencia al mundo antiguo. Fue una especie de peregrinación heideggeriana en busca del origen, del tiempo que avanza buscando retrotraerse. Cuando agoté la inquietud por ver allende cada loma y cada cerro volví a España para hacer lo mismo desde lo inmaterial. Salamanca fue el destino perfecto. Vieja ciudad castellana proyectada hacia el pretérito saber humano, donde el paso del tiempo está omnipresente en su gastada piedra arenisca bañada por la luz del poniente. Hoy busco el amanecer, describir el mismo río que nunca es el mismo. Ser un peldaño más en la escalera milenaria por la que ascendemos para contemplar, con perspectiva, lo que está por venir.

La hora extraÑa

Esa hora extraña a mitad de la noche
cuando aún queda lejos la mañana
y la casa está preñada de ignotos
ruidos huraños, desapacibles,
aliñados con oscuro misterio.
Dejan de tejer sus telas las arañas
las cucarachas olvidan la carroña
los ratones cesan sus artimañas.
Y hasta el sueño ñampeado,
apuñalado por su dueño
añora el aledaño apuñándose
empeñado en reñir con su maraña.