ANTONIO MONTOYA

Nací el 1 de enero de 1905, en La Tierra. Soy muy mayor ya, así que un respeto. En esta vida he tenido tiempo de dedicarme a actividades diversas, aunque muchas no son dignas de mención. Sí quiero referirme a los estudios que he llevado a cabo sobre Cómo una gota de agua resbala con lascivia sobre los pétalos de terciopelo de una rosa. O de Por qué la piel del ser amado adquiere una suavidad equiparable a la del agua al contacto con los labios.

He viajado, más en el tiempo que por el espacio. Y he conocido a gente estupenda, y también a mucho idiota.

Y la respuesta es sí, yo maté a Kennedy. Por entonces yo era un negro activista por los derechos de mi pueblo, y ese cabrón se estaba tirando a la que en aquel momento era mi tercera esposa, y que trabajaba en la residencia presidencial en las labores de limpieza. Todo lo demás ya es ciencia ficción.

DAME UNA Ñ

Cómo reparar el dano cometido
cuando las entranas han sido devoradas
por las daninas alimanas del desprecio ciego.
Cómo volver a banar la piel herida con las caricias
que de nina susurraban las manos de una madre
sobre la pequena frente de asustada luna.
El dolor duele con sana
como unas que se clavan en la carne del alma.

Amor en dirección prohibida,
amor kamikaze de un sueno de libertad.
Amor de cicatriz que arana tu cuerpo de ñorte a sur
y tatúa tu piel de lesbiaña eñamorada.
Como esa marca que se ñecesita poner
encima de las palabras, como una tilde,
como la ñ de mierda,
para poder catalogar, clasificar, ordenar
sentimientos, conductas, manos.
Y dormir sin pesadillas
acatando lo establecido,
asumiendo el mandamiento.
Tributando la peñitencia impuesta
para conseguir una butaca en la eterñidad.

Y no acariciar bastante
la vida en vano.
Gloria Fuertes.